Galgo Español

Galgo Español

Características

Los machos alcanzan una altura a la cruz de 62 a 70 centímetros, mientras que las hembras alcanzan una altura a la cruz de 60 a 68 centímetros. El estándar de la raza no indica un rango de peso para estos perros, pero son perros ligeros y ágiles. El galgo español es un perro muy parecido al greyhound, pero de menor tamaño. Tiene cuerpo estilizado, cabeza alargada y cola muy larga, además de patas delgadas pero poderosas que le permiten ser muy veloz. Este perro es musculoso pero estilizado.

La cabeza es alargada y delgada, al igual que el hocico, y guarda buena proporción con el resto del cuerpo. Tanto la nariz como los labios son de color negro. La mordida es en tijera y los caninos están muy desarrollados. Los ojos del galgo español son pequeños, oblicuos y de forma almendrada. Se prefieren los ojos oscuros. Las orejas, de implantación alta, son triangulares, de base ancha y su extremo es redondeado. El cuello largo une la cabeza con un cuerpo rectangular, fuerte y flexible. El pecho del galgo español es profundo y el vientre es muy recogido. El lomo es un poco arqueado, dando flexibilidad a la columna vertebral.

La cola del galgo es fuerte en la base y se adelgaza gradualmente hasta terminar en una punta muy fina. Es flexible y muy larga, sobrepasando ampliamente el corvejón. La piel está muy pegada al cuerpo en toda su superficie, sin presentar zonas con piel suelta. El pelaje del galgo español es tupido, fino, corto y liso. Sin embargo, también existe una variedad de pelo duro y semilargo, en la que se forman barba, bigotes y sobrecejas en la cara. Se acepta cualquier color de pelaje para estos perros, pero se prefieren los barcinos y atigrados oscuros, tostados, canelas, amarillos, rojos, blancos, berrendos y píos.

Historia

Suele hablarse del parecido entre el galgo y las representaciones caninas del arte egipcio; el galgo probablemente tiene sus principales ancestros en los perros faraónicos egipcios, igual que el podenco. Es probable además que el Vertades romano sea otro de sus antepasados. Lo cierto es que las primeras referencias escritas del galgo ibérico se hallan en el tratado romano del siglo II a. C. Cynegeticus de Arriano de Nicodemia, quien fue cónsul de la Bética.

El autor, desde su experiencia personal en Hispania, describe la caza de la liebre con galgos de manera prácticamente idéntica a como se hace en la actualidad en España, añadiendo que era una costumbre propia de los hispanos sin distinción de clase social. Además, diferencia entre galgos de pelo liso y pelo duro, variante esta última muy infrecuente en la actualidad en España, aunque muy apreciada en otros países europeos.

No es fácil precisar qué sucedió con la raza en los primeros siglos de la Edad Media pero el hecho es que sobrevive, haciéndose evidente a partir de cierto momento su florecimiento.

En los siglos IX y X ocurre la colonización de grandes áreas de Castilla coincidiendo con la Reconquista. Las grandes extensiones de terrenos baldíos y barbechos producen un incremento de las piezas de caza, consolidándose la tradición a las carreras de liebres con galgos, práctica común tanto en los reinos árabes como cristianos.

Las denominaciones de Galgo y Lebrel se han asentado en la actualidad como verdaderos sinónimos; sin embargo, no siempre fue así, puesto que tenemos documentación que nos demuestra que el lebrel del siglo XIV poseía un tamaño medio, una cabeza bastante gruesa y alargada, la barriga voluminosa y unas ijadas poderosas. Así se desprende de la lectura del libro de la Caza de Gastón Phoebus. Con el paso del tiempo fue variando su morfología, al mismo tiempo que cada vez más a menudo se les denominaba lebrel o galgo indistintamente.

Aparentemente esta raza no sufre ninguna circunstancia especial en los siglos XVIII y XIX, manteniendo su vocación natural de perro rápido de caza. De hecho ha quedado un refrán de principios del XIX: "A los galgos del Rey no se les escapa la liebre", que se emplea para ironizar sobre los tramposos desde tiempos de Fernando VII, cuyas cacerías, se dice, estaban frecuentemente amañadas.

Sin embargo, a principios del siglo XX ocurre un mestizaje masivo de Galgo Español y Galgo Inglés, descendiente suyo y variedad de galgo más veloz. Esto se debe a la pretensión de conseguir animales más rápidos con los que competir en los canódromos, que hacían furor en Inglaterra y estuvieron muy de moda en la España de esa época. Esta circunstancia puso en peligro la pureza de la raza (considerada una raza pura, es decir, que no es el resultado del cruce, sino de la selección prolongada en el tiempo). Tras notables esfuerzos, se logró reconducir la raza a partir de los aún abundantes galgos españoles "puros" que seguían en manos de criadores y cazadores.

Pese a su antigüedad y relevancia, el Galgo Español fue reconocido bastante tarde por las asociaciones caninas, que por su origen principalmente anglosajón tienden a ver al Galgo Inglés como la referencia más destacable de este tipo de perros. Esta óptica debe matizarse considerándolo, sin embargo, un probable descendiente del Galgo Español.

Si a esto añadimos la conflictiva historia española del siglo XX, es comprensible que esta riquísima raza haya sido vista con cierta indiferencia por propios y ajenos. Sí puede pensarse, sin embargo, que esa situación va camino de arreglarse, ya que el Galgo Español ha emprendido el Siglo XXI en el contexto de un aprecio cada vez mayor por su raza, y la España contemporánea es progresivamente más consciente del valor de este espléndido animal.

Cuidado

El galgo español requiere una familia activa y positiva a su lado que le permita realizar entre 2 y 3 paseos diarios. Durante cada uno de estos paseos es recomendable dejar que el perro disfrute de, al menos, cinco minutos de libertad sin correa. Para ello puedes acudir al campo o utilizar una zona vallada como es el pipi-can. Si no es posible hacerlo diariamente, es recomendable que de forma semanal dediquemos al menos 2 días a hacer ejercicio con nuestro galgo español. Los juegos de cobro, como es el caso de jugar a la pelota (nunca utilices la pelota de tenis), son sumamente entretenidos y apropiados para esta raza.

Por otro lado también será útil proporcionarle juegos de inteligencia si le observamos nervioso o excitado dentro de casa, fomentaremos la relajación, la estimulación mental y el bienestar del perro.

Requiere un cepillado semanal ya que por su pelo corto y áspero no sufre enredos, no obstante, el cepillado le ayudará a eliminar el pelo muerto y a mostrar un pelaje lustroso y brillante. El baño debe hacerse cuando el perro esté realmente sucio. 

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